El tamaño proporcionalmente grande de la Luna estabiliza el eje de rotación de la Tierra, lo que evita grandes
variaciones angulares.
La existencia de un campo magnético alrededor de la Tierra es un elemento común a algunos planetas del Sistema Solar, como Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Sin embargo, en estos el componente rocoso es menor, por lo que no son directamente comparables con la Tierra.
La presencia de este campo magnético que envuelve nuestro planeta devela su actividad interna, ya que se trata de un campo bipolar generado por el movimiento de material metálico fundido en el núcleo externo. Si no existiera un núcleo externo líquido, el campo magnético se extinguiría. Al comparar la Tierra con los demás planetas rocosos (Mercurio, Venus y Marte), resulta que su campo magnético y su intensidad relativamente alta constituyen elementos singulares. Mercurio es el único de esos tres planetas que posee campo magnético, pero su intensidad es cien veces menor que el terrestre.
El campo magnético terrestre posee polaridad normal en los períodos en los que las líneas de fuerza correspondientes al campo emergen del Polo Sur y convergen en el Polo Norte, como ocurre en la actualidad. No obstante, presenta reversiones bruscas a lo largo del tiempo geológico y el sentido de las líneas de fuerza se invierte (el origen de este proceso es motivo de constante estudio). Si bien estas reversiones se dan en lapsos variables y sin aparente regularidad, ocurren en períodos que oscilan entre menos de cien mil años y varias decenas de millones de años.
Ver:Estructura interna de la Tierra
FUENTE:explora educ-ar